Curiosamente,
el primer movimiento de liberación de la mujer que se produce en Roma
es precisamente el de las cristianas que deciden no casarse y vivir la
castidad, cosa incomprensible para las familias romanas; o bien optan
por defender su derecho a autodeterminarse en cuanto a la fe, llegando
hasta el martirio. Este clima social-intelectual que preconiza el
cristianismo reconvierte por primera vez a la mujer en ser autónomo,
digno de decidir por sí mismo sobre su futuro. Los padres de la Iglesia
son clarísimos al respecto. Por eso los primeros canonizados son mujeres
como Inés, Ágata o Cecilia. Fue la recepción del Derecho Romano a
partir de la Edad Moderna la que volvió a dar un tratamiento de
inferioridad a la mujer, que culminó el Código Civil de Napoleón,
producto de la revolución francesa.
El feminismo radical tiene pendiente un ajuste de cuentas con el catolicismo. Una portavoz cualificada como Shere Hite requería hace poco (2006) al nuevo Papa para que en adelante se refiera a Dios en masculino y en femenino, y fuera consciente de que en materia de sexo y de mujeres la Iglesia debía de cambiar radicalmente. Todavía no se han enterado que el verdadero cambio empezó hace 2.000 años, como sucedió con la vida de María Magdalena.
El feminismo radical tiene pendiente un ajuste de cuentas con el catolicismo. Una portavoz cualificada como Shere Hite requería hace poco (2006) al nuevo Papa para que en adelante se refiera a Dios en masculino y en femenino, y fuera consciente de que en materia de sexo y de mujeres la Iglesia debía de cambiar radicalmente. Todavía no se han enterado que el verdadero cambio empezó hace 2.000 años, como sucedió con la vida de María Magdalena.
MUJER, ¿TRABAJADORA O ESCLAVA?
Basta
entrar en Internet, y buscar en español “mujer y trabajo” para
encontrar más de 214.000 referencias sobra la mujer trabajadora.
Informarse aceptablemente cuando existe tanta información es tan difícil
como cuando no hay ninguna. Pasa como con las pastillas y jarabes para
la tos: hay tantas porque ninguna cura. En España la legislación es
bastante buena, otra cosa es que se cumpla. La información es abundante
en todos los medios de difusión, y la Opinión Pública muy favorable. Sin
embargo, la igualdad prometida está muy lejos de alcanzarse. Esto
significa que la causa real no reside, hoy y aquí, en
la legislación ni en la información ¿ Dónde, entonces? Leamos, pero
sobre todo, observemos lo que pasa a nuestro alrededor, sin pasar a
considerar aquí la terrible situación de la mujer en el tercer mundo.
Por
una parte, comprobamos que en España, en general, en los puestos de la
Administración del Estado, Autonomías , Ayuntamientos y similares la
mujer es muy bien tratada y considerada en todos sus derechos legales y
sociales. Además es corriente que no se trabaje por las tardes. Cuentan
con la ventaja de que los empleadores tiran “Con pólvora del rey” . Vaya
el negocio bien o mal todo el mundo cobra a final de mes. Si falta
dinero, se suben los impuestos y “San se acabó”. El puesto de trabajo está seguro, tanto para los buenos trabajadores como para los ineptos.
La
empresa privada es otro mundo. En esta es el empresario quien arriesga
su dinerito, el suyo propio, no el de los demás. Si gana , se cobra; si
nó, nó. En un momento en que la globalización impone la flexibilización
del empleo y de las relaciones laborales, la lógica predominante está
basada fundamentalmente en la productividad. Las
necesidades y derechos de las y los trabajadores como personas no
cuentan, o pasan a segundo plano; olvidando, estúpidamente, que lo principal de cualquier empresa son sus empleados. En esta “ lógica “ , la mujer tiene otros inconvenientes añadidos: Los embarazos y la crianza son una de las causa principales para ser discriminadas.
Un embarazo la puede apartar de su puesta de trabajo durante meses,
creando serios conflictos en la empresa. Unas veces, es difícil
encontrar a una sustituta por las características del puesto, y además, conlleva
gastos extras difíciles de soportar para los empresarios. Por otra
parte, se olvida con demasiada frecuencia que las mujeres raramente
tienen más de uno o dos hijos a lo largo de su vida laboral, por lo que
las ausencias por este motivo no son mayores que la de los hombres, que
nos ponemos más veces “malitos” cada año.
En
los trabajos donde se requiere esfuerzo físico, también las mujeres
están en desventaja, pero ¿cuántos trabajos exigen hoy esos esfuerzos?. Se da por supuesta, la necedad de que “todas” las mujeres deben cobrar menos que los hombres porque rinden menos ; pero ¿cuántos hombres rinden menos que las mujeres y, sin embargo, cobran todos lo mismo por igual trabajo? En
compensación, las mujeres están dotadas de una notable intuición para
las personas, de un trato más delicado y paciente con el cliente, de
menor agresividad que los hombres, son más constantes, más responsables, y
se dan cuenta enseguida de ese conjunto de pequeños detalles,
aparentemente sin importancia, que hacen la vida agradable a quienes las
rodean. También faltan menos al trabajo que los hombres, y van muchas
veces menos al lavabo o a tomar un cafelito al bar de al lado. Además, en la Universidad y en las oposiciones, están demostrando que obtienen mejores notas y son más inteligentes que los hombres.
El empresario, que es un trabajador más, también ha de luchar
con Hacienda, con la competencia, sindicatos, empleados , leyes
innumerables y deudas sin cobrar. Sobre todo, los pequeños y medianos,
que son más del 90% están muy quemados, y no menos discriminados que las
mujeres. Frecuentemente, trabajan diez o doce horas diarias. Cuando
tienen una, dos o tres empleadas, la falta de una de ellas puede hacer
chirriar el negocio. No, no es fácil para el pequeño empresario la vida.
A estas alturas, todos sabemos , aunque no siempre reconozcamos, el enorme esfuerzo que está haciendo la
mujer para poder atender con dignidad a su hogar y al trabajo. En el
trabajo cumple igual o mejor que el hombre. En el hogar, las mujeres
siguen trabajando siete veces más que sus parejas, tres veces más que
sus hijas y hasta 10 veces más que los vástagos, lo que no aventura
grandes cambios en un futuro inmediato. En el hogar, el hombre racanea y escurre el bulto de
forma indecente ; unas veces por la fuerza de la costumbre; otras,
porque la mujer, reina de la casa, no tolera que nadie meta las narices
en su campo. Afortunadamente, en
las parejas jóvenes, la igualdad se está imponiendo aceleradamente,
tanto por la mayor formación de ambos como por las necesidades de los
tiempos.
En
la fábrica, en el comercio lo que realmente importa es quien resuelve
los problemas, lo demás son estupideces y ganas de marear la perdiz Los
empresarios inteligentes pagan más al que trabaja mejor, sea hombre o
mujer. Los patrones mezquinos se aprovechan de la inercia de todo cambio
para intentar justificar el menor sueldo del que parezca más débil. Eso
se llama, sin paliativos , robo.
Las diferentes administraciones y gobiernos tienen aún algunas funciones básicas que cumplir : Primero, hacer que se cumplan las leyes vigentes; segundo legislar para acelerar las integraciones y para evitar tantos despidos injustos por motivos de sexo. Reconozcamos que los sindicatos están empezando a tener bastante éxito en esta lucha.
A
la mujer trabajadora, en el momento del embarazo, de la crianza o
cuando los hijos son de corta edad, se le presenta un problema grave y
de difícil solución: Como atender al hogar y al trabajo simultáneamente,
sin que la expulsen de este. La existencia de guarderías, de abuelas o
familiares pueden ser soluciones; pero ni hay guardería suficientes, ni
todo el mundo tiene abuelas o familiares o reside en la misma población
que estas.
Por
otra parte, el problema de la mujer trabajadora desborda el ámbito
personal y del trabajo para convertirse en un grave problema social y
familiar. Si no hay niños, no habrá sociedad ni buena ni mala; la
familia estará coja. Si hay niños, hay que criarlos y educarlos, y en
esta tarea el amor de los padres no admite sustituciones. El corazón de
la familia es la mujer, la madre, la esposa, y si este corazón no está
un tiempo suficiente en el hogar, la familia – el primer elemento de la
sociedad- se irá al garete, y con ella, la sociedad. Ya se está yendo.
Si
la función de la mujer es tan importante para la sociedad. ¿ Por qué
tiene, sobre todo el pequeño empresario, que cargar en el “debe” de su
empresa unos gastos que en buena lógica corresponden a la sociedad
entera? El patrón ya tiene suficiente con mirar por un negocio en el
que, si las ganancias no existen o se tambalean, puede mandar a la calle
a todos sus trabajadores y a él mismo. Pero el patrón, si ve algo más
allá de la punta de sus narices, debe darse cuenta que seguir
discriminando a las mujeres es como escupir al cielo, antes o después la
saliva le caerá en la cara.
Hasta
ahora, todas las leyes y buenas intenciones no han convencido a los
empresarios- que son a los que hay que convencer- para contratar a
hombres y mujeres en igualdad de condiciones.
Si se subvenciona al aceite, al trigo, a las vacas y corderos, y a un
sinfín más de actividades ¿ Por qué no podríamos subvencionar a las
mujeres y/o a los empresarios cuando concurran circunstancias
especiales? Esta solución requeriría elevados gastos, pero ¿ Cuántos nos
costará no gastarlos? ¿Cuánto nos está costando? Y ¿Cuáles son los
daños personales, familiares y sociales que están produciendo? Mérida, 2 abril 2002-Alejo Fernández Pérez


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