domingo, 15 de julio de 2012

Gerente Ejecutiva del Hogar






Curiosamente, el primer movimiento de liberación de la mujer que se produce en Roma es precisamente el de las cristianas que deciden no casarse y vivir la castidad, cosa incomprensible para las familias romanas; o bien optan por defender su derecho a autodeterminarse en cuanto a la fe, llegando hasta el martirio. Este clima social-intelectual que preconiza el cristianismo reconvierte por primera vez a la mujer en ser autónomo, digno de decidir por sí mismo sobre su futuro. Los padres de la Iglesia son clarísimos al respecto. Por eso los primeros canonizados son mujeres como Inés, Ágata o Cecilia. Fue la recepción del Derecho Romano a partir de la Edad Moderna la que volvió a dar un tratamiento de inferioridad a la mujer, que culminó el Código Civil de Napoleón, producto de la revolución francesa.
El feminismo radical tiene pendiente un ajuste de cuentas con el catolicismo. Una portavoz cualificada como Shere Hite requería hace poco (2006) al nuevo Papa para que en adelante se refiera a Dios en masculino y en femenino, y fuera consciente de que en materia de sexo y de mujeres la Iglesia debía de cambiar radicalmente. Todavía no se han enterado que el verdadero cambio empezó hace 2.000 años, como sucedió con la vida de María Magdalena.


   
MUJER, ¿TRABAJADORA O ESCLAVA?

Basta entrar en Internet, y buscar en español “mujer y trabajo” para encontrar más de 214.000 referencias sobra la mujer trabajadora. Informarse aceptablemente cuando existe tanta información es tan difícil como cuando no hay ninguna. Pasa como con las pastillas y jarabes para la tos: hay tantas porque ninguna cura. En España la legislación es bastante buena, otra cosa es que se cumpla. La información es abundante en todos los medios de difusión, y la Opinión Pública muy favorable. Sin embargo, la igualdad prometida está muy lejos de alcanzarse. Esto significa que la causa real no reside, hoy  y aquí,  en la legislación ni en la información ¿ Dónde, entonces? Leamos, pero sobre todo, observemos lo que pasa a nuestro alrededor, sin pasar a considerar aquí la terrible situación de la mujer en el tercer mundo.

Por una parte, comprobamos que en España, en general, en los puestos de la Administración del Estado, Autonomías , Ayuntamientos y similares la mujer es muy bien tratada y considerada en todos sus derechos legales y sociales. Además es corriente que no se trabaje por las tardes. Cuentan con la ventaja de que los empleadores tiran “Con pólvora del rey” . Vaya el negocio bien o mal todo el mundo cobra a final de mes. Si falta dinero, se suben los impuestos y  “San se acabó”. El puesto de trabajo está seguro, tanto para los buenos trabajadores como para los ineptos.

La empresa privada es otro mundo. En esta es el empresario quien arriesga su dinerito, el suyo propio, no el de los demás. Si gana , se cobra; si nó, nó. En un momento en que la globalización impone la flexibilización del empleo y de las relaciones laborales, la lógica predominante está basada fundamentalmente en la productividad.  Las necesidades y derechos de las y los trabajadores como personas no cuentan, o pasan a segundo plano; olvidando, estúpidamente,  que lo principal de cualquier empresa son sus empleados.  En esta “ lógica “ ,  la mujer tiene otros inconvenientes añadidos: Los embarazos y la crianza son una de las causa principales para ser  discriminadas. Un embarazo la puede apartar de su puesta de trabajo durante meses, creando serios conflictos en la empresa. Unas veces, es difícil encontrar a una sustituta por las características del puesto, y además,  conlleva gastos extras difíciles de soportar para los empresarios. Por otra parte, se olvida con demasiada frecuencia que las mujeres raramente tienen más de uno o dos hijos a lo largo de su vida laboral, por lo que las ausencias por este motivo no son mayores que la de los hombres, que nos ponemos más veces “malitos” cada año.

En los trabajos donde se requiere esfuerzo físico, también las mujeres están en desventaja, pero ¿cuántos trabajos exigen hoy esos esfuerzos?.  Se da por supuesta, la necedad de  que “todas” las mujeres deben cobrar  menos que los hombres porque rinden menos ; pero ¿cuántos hombres rinden menos que las mujeres y, sin embargo,  cobran todos lo mismo por igual trabajo?  En compensación, las mujeres están dotadas de una notable intuición para las personas, de un trato más delicado y paciente con el cliente, de menor agresividad que los hombres, son más constantes, más responsables,  y se dan cuenta enseguida de ese conjunto de pequeños detalles, aparentemente sin importancia, que hacen la vida agradable a quienes las rodean. También faltan menos al trabajo que los hombres, y van muchas veces menos al lavabo o a tomar un cafelito al bar de al lado. Además,  en la Universidad y en las oposiciones, están demostrando que obtienen mejores notas y son más inteligentes que los hombres.

El empresario, que es un trabajador más, también ha de  luchar con Hacienda, con la competencia, sindicatos, empleados , leyes innumerables y deudas sin cobrar. Sobre todo, los pequeños y medianos, que son más del 90% están muy quemados, y no menos discriminados que las mujeres. Frecuentemente, trabajan diez o doce horas diarias. Cuando tienen una, dos o tres empleadas, la falta de una de ellas puede hacer chirriar el negocio. No, no es fácil para el pequeño empresario la vida.

A estas alturas, todos sabemos , aunque no siempre reconozcamos, el enorme esfuerzo que está haciendo  la mujer para poder atender con dignidad a su hogar y al trabajo. En el trabajo cumple igual o mejor que el hombre. En el hogar, las mujeres siguen trabajando siete veces más que sus parejas, tres veces más que sus hijas y hasta 10 veces más que los vástagos, lo que no aventura grandes cambios en un futuro inmediato. En el hogar, el  hombre racanea y escurre el bulto   de forma indecente ; unas veces por la fuerza de la costumbre; otras, porque la mujer, reina de la casa, no tolera que nadie meta las narices en su campo. Afortunadamente,  en las parejas jóvenes, la igualdad se está imponiendo aceleradamente, tanto por la mayor formación de ambos como por las necesidades de los tiempos.

En la fábrica, en el comercio lo que realmente importa es quien resuelve los problemas, lo demás son estupideces y ganas de marear la perdiz Los empresarios inteligentes pagan más al que trabaja mejor, sea hombre o mujer. Los patrones mezquinos se aprovechan de la inercia de todo cambio para intentar justificar el menor sueldo del que parezca más débil. Eso se llama, sin paliativos , robo.

Las diferentes administraciones y gobiernos tienen aún algunas funciones básicas que cumplir : Primero,  hacer que se cumplan las leyes vigentes; segundo legislar  para acelerar las integraciones y para evitar  tantos despidos injustos por motivos de sexo. Reconozcamos que  los sindicatos están empezando a tener bastante éxito en esta lucha.

A la mujer trabajadora, en el momento del embarazo, de la crianza o cuando los hijos son de corta edad, se le presenta un problema grave y de difícil solución: Como atender al hogar y al trabajo simultáneamente, sin que la expulsen de este. La existencia de guarderías, de abuelas o familiares pueden ser soluciones; pero ni hay guardería suficientes, ni todo el mundo tiene abuelas o familiares o reside en la misma población que estas.

Por otra parte, el problema de la mujer trabajadora desborda el ámbito personal y del trabajo para convertirse en un grave problema social y familiar. Si no hay niños, no habrá sociedad ni buena ni mala; la familia estará coja. Si hay niños, hay que criarlos y educarlos, y en esta tarea el amor de los padres no admite sustituciones. El corazón de la familia es la mujer, la madre, la esposa, y si este corazón no está un tiempo suficiente en el hogar, la familia – el primer elemento de la sociedad- se irá al garete, y con ella, la sociedad.  Ya se está yendo.

Si la función de la mujer es tan importante para la sociedad. ¿ Por qué tiene, sobre todo el pequeño empresario, que cargar en el “debe” de su empresa unos gastos que en buena lógica corresponden a la sociedad entera? El patrón ya tiene suficiente con mirar por un negocio en el que, si las ganancias no existen o se tambalean, puede mandar a la calle a todos sus trabajadores y a él mismo. Pero el patrón, si ve algo más allá de la punta de sus narices, debe darse cuenta que seguir discriminando a las mujeres es como escupir al cielo, antes o después la saliva le caerá en la cara.

Hasta ahora, todas las leyes y buenas intenciones no han convencido a los empresarios- que son a los que hay que convencer- para contratar a hombres y mujeres en igualdad de  condiciones. Si se subvenciona al aceite, al trigo, a las vacas y corderos, y a un sinfín más de actividades ¿ Por qué no podríamos subvencionar a las mujeres y/o a los empresarios cuando concurran circunstancias especiales? Esta solución requeriría elevados gastos, pero ¿ Cuántos nos costará no gastarlos? ¿Cuánto nos está costando? Y ¿Cuáles son los daños personales, familiares y sociales que están produciendo? Mérida, 2 abril 2002-Alejo Fernández Pérez
                                            

«Aquí está la mayor paradoja del hombre. La felicidad no se alcanza en el afán de hacer lo que uno quiere, sino al contrario, olvidándose de ello, para darse a los demás. Tomás de Aquino reconduce las virtudes cardinales al amor del fin último y éste al amor de Dios, y lo hace de modo sorprendente y también paradójico. El hombre, dice el santo de Aquino, por su misma naturaleza, está ordenado a amar a Dios más que a sí mismo. De manera que cuando se ama a sí mismo sobre todas las cosas, sucede que fracasa en la realización de su ser, no se ama adecuadamente a sí mismo.»




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