viernes, 11 de noviembre de 2011

La mujer y el uso del poder

Hasta ahora la relación que las mujeres venimos manteniendo con el poder sigue siendo una relación difícil. A pesar de que tenemos reconocidos la mayoría de nuestros derechos como seres humanos y como ciudadanas, el acceso a los cargos de poder es todavía hoy nuestra asignatura pendiente.

Si la incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido relativamente rápida, la participación femenina en los niveles de adopción de decisiones no está evolucionando al mismo ritmo. Y todo esto ocurre a pesar de que, en formación, hace años que las mujeres hemos ingresado en la universidad, alcanzando ya en muchas carreras una cuota superior a la masculina.

¿Por qué entonces la intervención de la mujer es mucho menor que la del hombre en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, sea éste político, económico, social o laboral?.
Una de las principales trabas es la tradición histórica que arrastramos, la incorporación a los puestos de liderazgo nos ha llegado tardíamente y eso ha generado un retraso al que debemos enfrentarnos.

Si en un principio las pocas las mujeres que accedieron a un cargo de responsabilidad adoptaron estereotipos masculinos, hoy por hoy la mujer sabe reconocer que existe una manera "femenina" de mandar. Se ha abandonado para siempre esa connotación peyorativa que hasta ahora se le daba a todo lo impregnado de "sello femenino" en el ámbito laboral.

La mujer tiene una forma de liderar y de organizar un equipo de trabajo diferente a la del hombre, ni mejor ni peor que los usos masculinos, pero igualmente efectivo y competente.
Así, las mujeres líderes suelen actuar en las estructuras de poder según las siguientes pautas:

Voluntad. Las mujeres muestran gran capacidad de voluntad a la hora de desempeñar un cargo de poder. La perspectiva histórica nos ha mostrado cuán difícil nos ha resultado alcanzarlo y por eso sabemos valorarlo.
Planificación del tiempo. Sabemos distribuir nuestro tiempo porque conocemos el valor que tienen las horas que dedicamos al entorno personal y familiar.
Motivación del equipo de trabajo. Está comprobado que la mujer está más cualificada que el hombre para situarse en lugar de los demás, es decir, dispone de mayor capacidad de empatía. Esto nos permite conocer mejor a nuestro equipo y, por tanto, sabemos motivarlo y dirigirlo.
Participación del equipo. A la hora de tomar decisiones las mujeres suelen consultar la opinión de las personas de su entorno, luego deciden. Una vez más, nuestra aptitud para escuchar nos favorece.
Ahorro de costes. La mayoría de mujeres en puestos de toma de decisiones saben ahorrar. En muchos casos el ahorro de costes favorece la consecución de objetivos.
Pero no se trata de reconocer sólo que las mujeres disponemos de un modelo diferente a la hora de mandar. Se necesitan soluciones factibles para distribuir el poder actual y para ello toda la sociedad debe adoptar medidas efectivas acordes con la realidad de las mujeres. La Plataforma de Acción de Beijing en su día ya trabajó para la participación igualitaria de la mujer en la sociedad con algunas propuestas:

reconocimiento de la diferencia de género
programas de formación para promover el liderazgo de las mujeres
reparto equitativo entre mujeres y hombres de la responsabilidad familiar
adopción entre ambos géneros de relaciones sociales de cooperación y no de dominación
programas de conciliación entre el ámbito familiar y el laboral
recursos financieros y humanos efectivos para aumentar la participación de la mujer en las esferas de poder
En definitiva, la sociedad debe tomar conciencia de que sin la intervención plena de la mujer en todos los apartados de la vida social, política, judicial y económica no se puede hablar de una democracia real.

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